La brújula de la felicidad

In these days of wars and rumours of wars, haven’t you dreamed of a place where there was peace and security, where living was not a struggle but a lasting delight?

En estos días de guerra y rumores de guerra, ¿acaso no has soñado alguna vez con un lugar donde reinen la paz y la seguridad, donde vivir no sea una lucha sino una delicia duradera?

James Hilton, Lost Horizon 

¿Eres feliz?

Una pregunta de apenas dos palabras que toma desprevenidos a muchos y que invita a la reflexión. Sin embargo, ¿qué es la felicidad? ¿Es algo definible?

Hoy en día los científicos no tardarían mucho en decir que sí, aunque fue desde la segunda mitad del siglo pasado que la felicidad dejó de ser mero sujeto de reflexión filosófica para convertirse en tema de interés científico. Con este fin, el sociólogo holandés Ruut Veenhoven ofrece una mirada más amplia sobre el asunto a través de su World Database of Happiness (Rotterdam), un archivo que recoge las investigaciones científicas en curso sobre lo que él define “la apreciación subjetiva de nuestra vida”. El objetivo de estos estudios es el mismo que propone el periodista norteamericano Eric Weiner en su libro The Geography of Bliss (‘La Geografía de la Felicidad’, 2008): lograr una mayor comprensión de cómo culturas diferentes definen la búsqueda de la felicidad y qué podemos aprender simplemente cambiando de lugar.

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The Land of Maps: World Happiness Index Rankings 2013

Y sobre todo darle alcance político a este campo de investigación, para que los gobiernos tomen conciencia de la felicidad como objetivo necesario en toda política económica. Con respecto a eso y tomando en consideración el caso revelador de Bután y de su ‘Felicidad Nacional Bruta’, también el World Happiness Report (‘Reporte de la Felicidad del Mundo’) desde 2012 intenta focalizar la atención en cómo utilizar los análisis de la felicidad para mejorar el desarrollo sostenible.

Es a partir de la recopilación de Veenhoven que Eric Weiner decide transformar sus interrogantes acerca de esta sensación en puntos de partida hacia otros países (Suiza, Bután, Qatar, Islandia, Moldavia, Tailandia, Gran Bretaña, India), con el fin de establecer un contacto directo con las diversidades y encontrar respuesta a la pregunta: ¿Cuáles son los factores que más afectan al bienestar de un país? En este sentido, el libro en sí funciona como una definición de la felicidad desde muchas perspectivas, planteando el mundo como un laboratorio de ideas, por ejemplo “¿puede el dinero comprar la felicidad?”. Un viaje que, a través del humor del escritor, revoluciona la mirada de quien lee y lo ayuda a redefinir la propia cultura y a conocerse mejor.

One’s destination is never a place, but a new way of seeing things.

Nuestro destino de viaje nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas.

Henry Miller

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The Geography of Bliss, 2012 © Claire Bronson

Ruut Veenhoven afirma que se puede medir la felicidad simplemente preguntando a las personas cuán felices son, ya que “no se puede ser feliz sin saberlo”. Sin embargo, el documental experimental Chronique d’un été (1960), dirigido por el sociólogo Edgar Morin y el antropólogo Jean Rouch, y el Are You Happy? Project (2011) de Mandy Rose plantean una pregunta muy interesante: ¿es acaso posible obtener respuestas auténticas en entrevistas a desconocidos? ¿O hay que intentar otro tipo de aproximación?
De allí, no siempre se puede demostrar la naturalidad de una respuesta, y resulta más y más difícil establecer si una persona es verdaderamente feliz o si sólo finge serlo. Las palabras pueden engañar, pero ¿qué decir de las expresiones faciales? ¿Una sonrisa siempre expresa felicidad? Tailandia, más conocida como “El país de las sonrisas”, utiliza la sonrisa para comunicar felicidad, pero también rabia, duda, ansiedad e incluso dolor.

En suma, orientarse con la brújula de la felicidad nunca ha sido más difícil. John Stuart Mill, filósofo, político y economista inglés del siglo XIX escribió: “Pregúntate si eres feliz y dejarás de serlo”. Así que mejor seguir el consejo, o como dicen los tais, mai pen rai. Olvídalo.

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