Pep Bernadas: “La apuesta es seguir trabajando para abrir esas ventanitas al mundo”

Librería y agencia de viajes Altaïr, © Sara Lombini

Librería y agencia de viajes Altaïr © Sara Lombini

A quien le sea familiar el nombre de Altaïr, sabrá que existe un lugar donde los sueños del viajero se materializan en miles de versiones de un mismo ideal: recorrer y conocer el mundo. No solo es la librería especializada en viajes más grande de Europa, sino que además se ha convertido en un lugar de culto para viajeros y curiosos de todas partes que acuden allí en ávida busca de inspiración y conocimiento.

Recorrer Altaïr es una experiencia que exalta el espíritu. Sus pasillos contienen infinitas voces y culturas del mundo que invitan a descubrir, a investigar, a reflexionar.

El equipo de 7vagones se desplazó hasta este icónico lugar de Barcelona donde nos recibió Pep Bernadas, co-fundador y visionario emprendedor del mundo de la literatura de viajes. Esto fue lo que nos contó el hombre que decidió hacer de su pasión un proyecto de vida y a quien hoy en día le estamos muy agradecidos por lanzarse al vacío en esta aventura.

Pep Bernadas, Co-Fundador Librería Altair

Pep Bernadas, Co-Fundador de Altaïr © Sebastián Abeliuk

¿Cómo nació Altaïr y por qué?

Altaïr nace para crear la utopía de un diálogo planetario a través de la información. Es una librería que parte del viaje para contar las cosas y para llegar a estar en contacto con quién es realmente el otro y no con quién imaginas que sea. El viaje era para mí un espacio privilegiado porque compartía una motivación: conocer, tocar, oler, ver qué pasaba. Veía el potencial del proyecto de dar pasos y profundizar a partir de la concepción que ya tenemos de las cosas. Altaïr nació precisamente con esa voluntad de llegar al “horizonte sin fin” en el año 1979, cuando de documentación viajera había poquísima. También nació la agencia de viajes en la librería para precisamente poder hablar sobre el terreno y preguntarnos qué veíamos y cómo pensábamos.

¿Cómo se crea luego la revista Altaïr?

En 1991 nace la revista Altaïr porque teníamos ganas de hacer cosas fuera del local. A pesar del cambio económico brutal, la revista crece con la apuesta de querer un periodismo de calidad y muy ligado a las fuentes, rehuyendo esas versiones que parecen magistrales de historia única, porque sólo sumando historias tienes la historia.

¿Qué lugar ocupa Altaïr hoy en día en el periodismo de viajes?

Hoy en día se habla mucho de viajes desde una visión reduccionista, una tendencia fomentada especialmente por el boom de las guías turísticas, es decir, no del conocimiento bien divulgado sino del viaje relativo a un producto comercial. Hay un mercado que desea ese producto, y entonces se impone sobre todo la guía turística por encima de lo que es el conocimiento, fomentando los clichés que siempre reducen las cosas a lo que se quiere vender. Para nosotros los protagonistas de la sociedad son las personas anónimas y trasladamos el foco sobre esta gente para conocer el mundo. Pues para mí, esa es la apuesta de Altaïr, la de trabajar para que esta información sea existente, utilizando todos los medios que tenemos a disposición para abrir estas ventanitas al mundo.

¿Cuál ha sido la etapa más difícil en la trayectoria de Altaïr?

La primera etapa difícil fue el inicio del proyecto, porque Altaïr se puso en marcha por autoexplotación. Somos un grupo de locos que nos metimos ahí, arreglamos un local y pasamos cinco años trabajando sin sacar un céntimo de eso. Hasta que llegó un punto en el que decidimos dar un salto mortal y seguir adelante. Desde entonces fueron años de precariedad bastante importantes, pero poco a poco el proyecto fue creciendo y consolidándose. Y hoy por hoy es otro período difícil porque estamos un poco como al principio. Después de cinco años de crisis económica dura, te resientes mucho. Lo que te motiva es olvidarte de ella y concentrarte en la creatividad del proyecto que viene desde la motivación. Y si tiene alma, ya llegará su buen tiempo. Además la crisis es el resultado de muchos años de acomodarse al poco esfuerzo, pero en mi opinión valió la pena que llegara. Lo que importa es que lo que estamos haciendo desde hace 35 años no es pensar cuánto ganamos sino defender un estilo de vida y por eso tiene que funcionar la empresa. Por suerte tenemos un equipo que participa mucho en Altaïr.

Pep Bernadas en su despacho, © Sebastián Abeliuk

Pep Bernadas explicándonos los nuevos proyectos de Altaïr © Sebastián Abeliuk

¿Qué actividades culturales realizan en Altaïr?

Hasta ahora Altaïr ha sido un espacio que funcionaba mucho como receptor de iniciativas ajenas, dando espacio, voz y proyección para que hubiera esa contacto humano. Ahora vamos a iniciar un cambio. Habrá un espacio de bar y una mesa más grande, llamada la mesa Altaïr, para encontrarse con la posibilidad de reservar horas para ese punto de encuentro. Y entre las posibles actividades, tenemos por ejemplo una presentación de fotos de un grupo que trabaja en Ruanda este mes. Para mí el viaje son preguntas, no respuestas. Y lo que intentamos aquí es poder dialogar y no solamente escuchar, creando así pequeños aperitivos de temas interesantes. Un ejemplo de ello es mediante testimonios por skype. Lo importante, más que solamente proyectar, es decir al otro: “Oye, ¿qué echáis de menos en Altaïr? ¿Qué puede ofrecer Altaïr al público?”.

¿Qué consejos daría a los jóvenes que como nosotros quieren dedicarse al periodismo de viajes?

Ninguno, pues estoy en mi piel y no en la de los demás. Desde mi visión -que no soy periodista- el mejor regalo que puede hacerte la vida es cuando te sumerges en algo y te gratifica, con independencia de que sea rentable o no lo sea. Me ha interesado la comunicación como elemento clave para hacer llegar a los demás lo que quieres transmitir. Yo puedo decir que esto me ha cambiado la vida. Ha sido un regalo. Esta profesión es para mí un privilegio, comunicar para transmitir lo que haces.

 

PREGUNTAS CORTAS

Libro favorito:

¡Yo soy un polígamo con los libros! Hay libros que te marcan para siempre, por ejemplo, La venganza de la geografía de Robert Kaplan, que te plantea que las fronteras donde no deberían estar se van a caer solas, y si quieres quitar las naturales no vas a alterarlas.

Lugar inspirador:

Todos tienen algo, aunque el clic que me puso en órbita fue el Sáhara central, mi amor.

Viaje pendiente:

Uno pendiente que no podré hacerlo como quisiera pero sí que lo quiero hacer es el Canadá de Jack London que me maravilló de niño.

Un lugar para comer:

Una taberna muy humilde en el Peloponeso. El momento de la comida tiene mucho que ver con un entorno, la compañía, el estado de ánimo.

Música para viajar:

Una música neutra que te deje pensar, que te deje estar contigo.

Un momento de su vida que le ha marcado:

Ver los refugiados del hambre en el Sáhara central.

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