Las casas ocupas de Barcelona

Edificios catelépticos

Por Martha Kiskila, Guillem Griera y Marialenia Savvaidi  (miembros de Caminos Sellados)

Como el ave fénix resurgiendo de sus cenizas, algunos edificios abandonados condenados al olvido y el deterioro vuelven a resplandecer vida y actividad. Sus nuevos inquilinos ponen su esfuerzo y empeño en ofrecer al entorno un escenario dónde poder llevar a cabo su participación social, desde tareas tan simples como un taller o una charla hasta los sueños más utópicos de cambiar el mundo.

Fachada de Can Masdeu, una de las mas famosas casas okupas en Barcelona © Guillem Griera

Fachada de Can Masdeu, una de las mas famosas casas okupas en Barcelona © Guillem Griera

Para unos, una enredadera que aparece por la cepa de un árbol marchito que ofrece color a un paisaje insípido; para otros, una mala hierba que hay que quitar del jardín homogéneo urbano. La lucha entre la autoridad y el colectivo okupa es el típico juego del gato y el ratón que parece no terminar nunca. Hoy día la disputa ya no está en la propiedad privada sino en el espacio donde poder desenvolverse como ciudadanos inquietos y participativos.

En los humanos la catalepsia paraliza el cuerpo de tal forma que parece estar muerto por un tiempo. En los edificios también ocurre algo semejante, algunas casas pasan de la putrefacción y el desgaste a las reformas y la aglomeración con un acto de ocupación. Curiosamente, en griego la palabra katalepsia tiene la misma raíz que la palabra katalipsi, que significa “casa okupa”.
Barcelona es una ciudad internacional y una capital intercultural donde hay sitio para todo y para todos. La vida callejera y la ebullición social tienen un gran protagonismo en la ciudad y un espacio recurrente suelen ser los centros sociales, muchos de ellos casas okupas. En la actualidad hay un centenar de ocupaciones esparcidas por toda la metrópolis, desde Collserola hasta al puerto y del Llobregat al Besòs, no es cosa de un solo barrio. El distrito donde se concentran más casas okupas es el de Gràcia, con una veintena, debido a su estructura urbanística y la gran presencia de colectivos sociales, que hacen que los vecinos simpaticen y apoyen más las iniciativas okupas. Pero el flujo de casas es muy variable ya que casi cada mes se desaloja un recinto okupa o se usurpa un nuevo habitáculo. La Ciudad Condal es una de las ciudades con más casas ocupadas del mundo al nivel de Ámsterdam, Milán o Berlín.
El espejo y referente de cualquier casa okupa es Christiania, un barrio entero de Copenhague que fue ocupado por hippies de los 70 hasta día de hoy, con sus propias normas y leyes convirtiéndose en un estado independiente de la Unión Europea. El movimiento okupa empezó en el norte de Europa, sobretodo en Inglaterra, debido a la necesidad de viviendas y la pobreza, aunque después se fue convirtiendo en sede de movimientos políticos. Según uno de los portavoces del movimiento okupa, Albert Martínez, “la ocupación es una forma singular de denuncia política y pública, mediante acciones no institucionales, consistentes básicamente en la ocupación de espacios como lugar de vivienda, cultivo y/o de trabajo social”.

La ocupación se plantea entonces como un punto de ruptura contra el orden social y las instituciones, como un rechazo de la sociedad capitalista y el Estado, que se combaten minando el valor de la propiedad privada. Sin embargo, los okupas no se limitan a criticar la sociedad, sino que proponen además sistemas alternativos. “El objetivo de una casa okupa debería ser el de ofrecer al barrio propuestas de actividades culturales y sociales que las instituciones públicas y privadas no facilitan al público”, opina Pau Guerra, miembro de Can Vies. Ainhoa Roca, de Can Masdéu, matiza que “uno de los mensajes que transmitimos es que el futuro no pasa tanto en lo individual, sino que una manera de transformar la sociedad es asociarnos, y no tiene porque pasar por un partido político”.

A pesar de los estereotipos, cada casa es un mundo. Hay varios tipos de casas okupas, las que sólo sirven de vivienda a unos pocos residentes, las que sirven de espacio para efectuar actividades sociales puntuales sin que viva nadie, las que desempeñan función de ateneo del barrio a diario, o las que simplemente son punto de encuentro. Algunas son de uso exclusivo de una comunidad y otros acogen a diferentes colectivos del barrio, pero suelen estar abiertas a todo el público que quiera colaborar y en ellas se encuentra un mestizaje de edades y estéticas muy interesante. También hay mucha diversidad de edificios que han sido ocupados, desde pisos a bloques enteros, de caseríos rurales a locales, de fábricas a cines. Por lo que refiere a funcionamiento interno, cada casa tiene sus propias normas de convivencia, su logística y privacidad aunque casi todas coinciden en conceptos como el asamblearismo, la autogestión, la reivindicación o la implicación social. Cada casa okupa mantiene reuniones y asambleas periódicas, tanto internas como con el resto de casas de la zona.

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Haciendo las tareas de agricultura © Guillem Griera

El caso de Can Masdéu es paradigmático y particular. En 2001 cinco activistas contra el cambio climático se reunieron en una antigua leprosería abandonada de Collserola para montar un encuentro internacional y con el éxito y el encanto del lugar decidieron quedarse uniéndose a ellos una veintena de personas más. A los tres meses recibieron la orden de desalojo pero se resistieron colgándose con cuerdas y haciendo huelga de hambre. Contaron con el apoyo de muchos vecinos y debido a las condiciones de salud a las que estaban sometidos, el juez resolvió a su favor apelando al derecho a la vida. Hoy en día tienen un acuerdo con el Hospital de Sant Pau, propietario del edificio para posponer la denuncia año tras año. En esta casa viven 22 adultos y cinco niños, de diferentes nacionalidades, todos ellos se distribuyen las tareas domésticas como cocinar para todos, el mantenimiento de la casa y cuidar el huerto. La agricultura es el punto fuerte de la casa, que realiza visitas educativas de agricultura ecológica y comparte huertos con los vecinos. Pero también disponen de talleres de yoga, tienda gratis de ropa, cenadores o fiestas especiales, como la de su aniversario.

El Banc Expropiat en el barrio de Gracia © Martha Kiskila

El Banc Expropiat en el barrio de  Gracia       © Martha Kiskila

El Banc expropiat se encuentra en el distrito de Gracia donde participan jóvenes, jubilados, parados e inmigrantes. Su función como centro social empezó hace dos años y se realizan actividades de cualquier tipo, desde clases de idiomas y gimnasio hasta talleres de cultura y arte. ¨Cada jueves tenemos asambleas en las que hablamos tanto de contenido político como de contenido social¨ menciona Andreu, usuario del Banc. La decisión de ocupar un banco tiene un sentido reivindicativo y de rechazo a las entidades bancarias y sus desahucios. Andreu explica que ¨por desgracia todavía tenemos problemas con los propietarios del edificio e intentamos luchar por nuestros derechos en los juicios¨. Los miembros esperan prolongar su actividad social con la ayuda de los vecinos y el apoyo de la sociedad. Aunque no siempre se consigue ganar la batalla del desalojo con la presión social.

Un claro ejemplo es el de La Carboneria, un edificio emblemático que hace pocos meses fue desalojado. El vicepresidente de la asociación de vecinos de Sant Martí, Toni Sánchez, mostraba el apoyo a la Carboneria porque “era un local que siempre se ciñó a las normas y que ha participado en la vida asociativa del barrio”. El mismo caso vive la casa Can Vies, pendiente de juicio con TMB y en medio de una lucha mediática constante para sensibilizar a los ciudadanos.

Una casa okupa es uno de los sitios donde más se puede apreciar el concepto de comunidad aún estando en una esfera masificada, individualista y aislada como es la gran ciudad. “Estar dentro del mundo del activismo alternativo, no solo okupa, te hace estar en un tejido de hermandad, sentir que no estás sola y puedes pedir ayuda. Lo importante es sentir que hay corazón, ganas de colaborar, de cuidar a los otros” se sincera Queralt Jorba, miembro de Can Masdéu.

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Un comentario en “Las casas ocupas de Barcelona

  1. buenas, me gusta vuestra ideología, les escribo porque tengo un amigo que esta viviendo en la calle por barcelona y esta buscando alguna casa ocupa en la cual puedan acogerle. El también se dedica al malabarismo y sabe idiomas quizás pueda aportar sus habilidades en vuestra comunidad. Les dejo mi correo para que me contesten alguna cosa, muchas gracias

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