Túnez, la bella

Tunis, la capital © Sebastián Abeliuk

Tunis, la capital © Sebastián Abeliuk

Caí en cuenta que viajaría a Túnez el día menos pensado. Me invitaron hace poco y de la noche a la mañana tomé la pronta decisión de trasladarme a un país prácticamente desconocido para mí y que tan solo está a dos horas de distancia. ¿Qué sabía de aquel país del norte de África? Pues que es un país árabe, que hace no mucho tiempo vivió una revolución un tanto violenta, y poco más. El resultado de este viaje: conocer finalmente una nación envolvente, fascinante, distinta a lo que estamos acostumbrados. Volví enamorado. Sí, de un destino que tiene playas, montañas, desierto, sitios arqueológicos y una historia muy viva. Y sobre todo, encantado y agradecido de recibir un trato como si estuviera en mi casa, e incluso mejor. Al volver, supe que allí dejé grandes amigos, dejé una familia.

Viajamos por el norte de Túnez. Teníamos tan sólo 7 días para disfrutar, y lo cierto es que fue un buen tiempo para un primer bocado, y para quedar con ganas de seguir descubriendo sus rincones.

Pues, te quiero comentar un poco lo que vi, sentí y disfruté de Túnez y su gente.

1)Tunis, la capital

Mercadillo de Tunis © Aroua Rebai

Mercadillo de Tunis © Aroua Rebai

La urbe más grande de Túnez es un manto inmenso de casas blancas, de mezquitas, de automovilistas que viajan a toda prisa, de monumentos extraños, de pobreza y de riqueza. La primera mañana me dirigí hacia el centro. Allí, vi edificios que combinan lo moderno con lo antiguo. Fachadas de construcciones que recuerdan al estilo francés. Aquí es posible oír de manera clara el idioma muy llamativo que hablan en este país: una mezcla de francés y árabe, más un dialecto tunesino muy particular. Es casi un deber aprenderse algunas palabras para comunicarse. Por ejemplo Asslema, que se utiliza para decir hola, para saludar. Perderse en las calles de la capital es embriagarse de la cultura local. Puedes caminar por los mercados y no encontrar la salida que buscas, pero de seguro sí sales de allí con algún souvenir fantástico, o con el gusto de haberte sentado a tomar un café y un narguile.

Una de las cosas que más me impresionó de Tunis (y en general de todo el país) es la popularidad de los cafés para hombres. Sí, tal cual. Y hay muchos. Los machos alfa de las familias se reúnen con la excusa de un café, una narguile o un juego de cartas, mientras ven pasar el mundo exterior. Las mujeres no están admitidas aquí, por supuesto (aunque sí cuentan ellas con algunos locales solo para damas). Al principio pensé: “vaya aburrimiento que debe ser esto”, pero la verdad es que lo disfrutan. Una especie de club de Toby en versión tunesina.

2)Sidi Bou Said, la ciudad de las puertas azules

Puertas azules en Sidi Bou said © Sebastián Abeliuk

Puertas azules en Sidi Bou said © Sebastián Abeliuk

Es un de mis sitios favoritos. Llegamos prácticamente de noche, pero no por ello perdió su encanto. Cada casa, cada negocio, está diseñado con una puerta azul, algunas de tamaño inmenso, adornadas con símbolos religiosos la gran mayoría de las veces. Bajamos a un café inmenso con vistas al mar, desde lo alto. Niños, familias, adultos, parejas. Aquí hay espacio para todos. Me recordó inevitablemente a las islas Griegas. Una combinación de colores, de aromas y sensaciones mágicas.

 

 

3)Sousse

Museo de Arte Contemporáneo de Sousse © Sebastián Abeliuk

Museo de Arte Contemporáneo de Sousse © Sebastián Abeliuk

Es la gigante turística, después de Hammamet. La infraestructura hotelera, sus playas y la ubicación cercana a Tunis invitan a pasar un rato por acá. Pero cuando viajas con locales tienes la suerte de descubrir sitios que están ocultos al turista común. Y uno de los lugares realmente apetecibles es el museo Arqueológico, ubicado en el Kasbah, una fortificación de la ciudad antigua de Sousse. Allí, encontrarás un singular patrimonio histórico: una de las colecciones más lindas de mosaicos de Túnez, cuyos diseños representan animales, dioses, guerreros, y seres mitológicos.

Después de recorrerlo, nos perdimos en la Medina, la parte más antigua de la ciudad. Calles angostas con sus casas pintadas de blanco y azul. Todo muy pulcro, muy auténtico. Lo mejor es buscar un buen café y disfrutarlo en uno de las terrazas. Para quienes hayan ido a India, pues este lugar me recordó mucho a las ciudades de Rajasthan, tales como Jodhpur o Jaisalmer.

Quedaba tiempo para más. Fuimos a descubrir y admirar un museo que me dejó fascinado. Se llama Museo de Arte Contemporáneo y su dueño, el artista Taieb Ben Hadj Ahmed, lo ha diseñado en base a su recolección de chatarra. Ha dedicado más de 40 años a buscar cosas que otros han tirado. Cascos de la Primera Guerra Mundial, elementos de cocina, balones de gas, entre otras miles de cosas. Con una imaginación y talentos asombrosos, ha ido construyendo un mundo tan loco como impresionante en lo que es hoy su casa.

4)Mahdia

Cementerio a un costado del Mediterráneo, en Mahdia © Aroua Rebai

Cementerio a un costado del Mediterráneo, en Mahdia © Aroua Rebai

Un balneario pintoresco y acogedor. Allí disfrutamos nuevamente de la buena mesa y un clima cálido. Sus playas son magníficas y no tienen nada que envidiarles a las del Caribe. Su Medina, otra de sus joyas. No puedes marcharte sin recorrer la zona del Fuerte de Mahdia junto a un cementerio con vistas privilegiadas al mar. Es que aquí, incluso quienes han partido al más allá tienen una buena ubicación.

 

 

 

5)Cap Serrat

Cap Serrat © Aroua Rebai

Cap Serrat © Aroua Rebai

De seguro nunca has oído hablar de este lugar. Yo tampoco lo conocía. Si se busca en el mapa, probablemente cueste encontrarlo. Hacia el norte, y no muy lejos de la frontera con Algeria, Cap Serrat es una playa virgen (o casi). Rodeada de un paisaje más verde y frondoso de lo habitual en este país y de arenas amarillas, esta playa está prácticamente libre de gente, y para qué decir de turistas. Llegar hasta aquí es asegurarse un descanso, una buena lectura, y un buen baño. Te recomiendo probar el pescado y la comida local en el restaurante que está a un costado de los estacionamientos.

 

6)Dougga

Ruinas de Dougga © Sebastián Abeliuk

Ruinas de Dougga © Sebastián Abeliuk

No podía irme de Túnez sin antes visitar un sitio arqueológico tan mágico como Dougga, una antigua ciudad localizada en la gobernación de Béja, al noroeste de Túnez. Un anfiteatro romano es lo primero que verás, y es tal vez el monumento más impresionante de todos. Si sigues recorriendo sus 70 hectáreas podrás ir descubriendo de a poco los mausoleos, el Capitolio, teatros y las escrituras bereber ocultas entre las rocas. Te recomiendo, pues, un guía local para que aprendas de historias y secretos ocultos en este lugar.

Y me despido de esta entrada agradeciendo a Boutheina y Aroua, mis dos grandes amigas tunesinas que me abrieron la puerta de sus hogares, lograron que me enamorara de Túnez y que mi viaje fuera enormemente gratificante, sin pedir nunca nada a cambio. Y eso, para mí, es el espíritu de viajar en su estado más puro.

Algunos datos de interés:

-A Túnez puedes volar en la aerolínea Vueling por alrededor de 100 euros idea y vuelta, desde Barcelona. Hay que tener en cuenta que los vuelos son muy limitados a este destino.

-La moneda oficial de Túnez es el Dinar. €1 equivale a 2,3 dinars.

-La cultura musulmana de Túnez es bastante abierta y respetuosa. Aún así, hay localidades más conservadoras donde se sugiere ir vestidos de manera más apropiada.

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