Granada, la reina de Andalucía

Granada es considerada como el epítome de la España castiza y, a su vez, cuna de la modernidad. Esta extraordinaria ciudad está ubicada en las estribaciones montañosas de Sierra Nevada en Andalucía. Su nombre está relacionado con el período que estuvo bajo dominio árabe, desde el siglo VIII hasta el XV. Allí, las tradiciones se mantienen firmes, los ecos del flamenco se escuchan entre las calles de casas encaladas y sus habitantes hablan en un castellano casi impenetrable. Granada es, principalmente, una ciudad bohemia con un carácter internacional. En ella podemos encontrar hasta un total de 90.000 estudiantes y cada año llegan más personas de todo el mundo para vivir allí para siempre, hechizados por la belleza y la energía del lugar.

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Vistas de Alhambra ©  Martha Kiskila

Granada es una ciudad ideal para caminar. Al final de la Gran Vía, una de las principales arterias del centro, se encuentra la Puerta Elvira, único reducto de las murallas árabes más antiguas que dividían la ciudad en este mismo lugar. La Puerta Elvira parece como un pasaje que nos lleva a otros mundos lejanos. Aquí se puede encontrar comestibles árabes, los mejores kebabs y el famoso mercado árabe. En las escarpadas callejuelas, que parten de la calle Elvira, hallamos tiendas artesanales que venden a bajo coste bolsos, zapatos, ropa, menaje del hogar y diversos suvenires traídos directamente desde Marruecos. El mercado es famoso también por las tetarías árabes, donde se puede disfrutar de muchos tipos de té y especialidades del norte de África.

Subiendo el mercado encontramos el Albaicín, nombre árabe para otro barrio insigne. Hoy en día está habitado principalmente por estadounidenses y alemanes que viven de forma permanente en la ciudad, así como por muchos hippies modernos. Albaicín es uno de los distritos, tal vez el único, que no es accesible en coche aunque esté en el corazón de Granada. Esto probablemente jugó un papel clave en el mantenimiento de su pintoresca y singular belleza. Las calles empedradas, las casas con terrazas interiores, los pequeños cafés y las vistas de la Alhambra desde la iglesia de San Salvador, proporcionan una atmósfera que nos hace revivir alguna época pasada. Es un verdadero oasis en medio del ajetreo urbano, un pueblo donde la pobreza y la miseria no han llegado todavía. Albaicín es especial, como especiales son los habitantes que viven allí. La gente es amable y está dispuesta a ayudar. Da la impresión de que todos se conocen, de que todos son como una gran familia que no dudará en invitarte a una fiesta para comer, cantar y bailar con ellos hasta bien entrada la madrugada.

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Vista de Albaicín desde los jardines de Alambra © Martha Kiskila

Saliendo de Albaicín se encuentra la zona judía del Realejo donde hay hermosas plazas y lugares de reunión de los granadinos. Allí cerca está también la Catedral, una de las pocas en Europa con una decoración tan austera. Además de su importancia monumental, la Catedral alberga los cuadros del español Juan de Mena, principal representante de la famosa escuela barroca del siglo XVI en Granada.

Este pequeño itinerario no puede terminar sin mencionar la famosa Alhambra, que a pesar de los cambios que a lo largo de los siglos ha sufrido su fisonomía arquitectónica, sigue despertando admiración entre sus visitantes. La Alhambra ha sido declara Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO junto con el Albaicín y el Palacio del Generalife, residencia veraniega de los califas árabes. Quien la visite podrá admirar su fastuosa arquitectura y también los lagos, las cascadas, las fuentes y, por supuesto, los árboles, principalmente olivos, que conforman la totalidad del conjunto. En este lugar se organiza, además, el festival anual de la música y la danza.

Vista panoramica de Granada en el atardecer © Martha Kiskila

Vista panoramica de Granada en el atardecer © Martha Kiskila

En el centro histórico es fácil perderse por las calles plagadas de tascas donde la gente bebe cañas a un euro y vino tinto acompañado de tapas gratuitas. Resulta imprescindible probar la olla de San Antón, habas fritas con jamón, andrajos, lomo de orza y gachamiga (plato tradicional a base de harina y aceite). A la vuelta de la esquina, cerca de los mercados musulmanes, si tienes suerte, podrás ver alguno de los espectáculos callejeros que tienen lugar allí.

Vale la pena visitar Sacromonte, situado en la colina de Valparaíso, conocido como el barrio antiguo de los gitanos que se asentaron en la ciudad después de su conquista. Esta es una de las zonas más pintorescas de la ciudad y, en sus cuevas, se deja oír la música de los gitanos que tocan el flamenco más auténtico… Este sonido pone punto y final a un recorrido por una ciudad única a la que siempre se debe regresar.

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