Pintar la noche

“Tutankamón Caravaggio Van Gogh. La tarde y los nocturnos desde los egipcios hasta el siglo XX”. Éste es el título de la exposición en la Basílica de Palladio en Vicenza hasta el 2 de junio.

Con esta muestra, el comisario Marco Goldin se propone contar la pintura de la noche a lo largo de la historia del arte. Su fascinación por el tema nace de la lectura de Fenomenología de la percepción (1945) del filósofo Maurice Merleau-Ponty y de una reflexión sobre cómo se define la percepción del espacio. La noche se distingue del día por ser un espacio no definible. El “mundo de las cosas claras” se esfuma y, a falta de puntos de referencia, nos convertimos en seres perceptivos amputados y delineamos “una espacialidad sin cosas”.

Contrariamente a lo que se suele pensar, la noche no es negación de la luz, sino que nos propone mirar de una forma distinta. El día es la dimensión de las certezas, del dominio visual de las cosas que habitan el espacio. La noche, en cambio, niega cualquier perspectiva. Aquí el espacio se dilata y se vuelve circular, nos envuelve como una capa.

La pintura se ha encargado de representar la luz invisible de la noche, aquellas sombras difícilmente accesibles a la vista. Como la oscuridad reduce las posibilidades de visión del ojo físico, agranda el espacio de la visión espiritual y por eso suscita en nosotros tanta fascinación, misterio y ambigüedad. Esta razón llevó al filósofo Edmund Burke a afirmar que “la noche es más sublime y solemne que el día” ya que –en palabras de Addison– “la mente humana odia naturalmente todo lo que se parece a una constricción”. A partir del Romanticisimo de Freidrich hasta Rothko la pintura de la noche se convierte en descripción de la noche interior.

Estamos tan acostumbrados a llenar el mundo de cosas, caras y señales que un mundo hecho de ausencias nos pertenece mucho menos. De noche nuestra relación con el espacio cambia. En un ambiente en que vienen a menos los confines visibles, el punto de contacto con ello es total. Interiorizamos la ausencia de fondo y levantamos la mirada en búsqueda de estrellas para llenarlo. Somos noche con la noche.

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Si no podéis ver personalmente la exposición, aquí encontraréis el tour virtual acompañado por los comentarios (en italiano) de Marco Goldin.

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